Es increíble el impacto que puede tener en tu vida una persona con la cual nunca hablaste.

Mi mamá me regaló mi primer Nintendo cuando yo tenía alrededor de 4 años: siempre he tenido una importante deficiencia motriz tanto fina como gruesa y mis padres– adictos al Galaga, pero no especialmente fans de los videojuegos– pensaron que era una buena idea regalarme algo que me acompañase cuando no podía salir a jugar.

(Hasta el día de hoy se arrepienten de ello).

Comencé, como todos, con 2 ó 3 juegos que me di vuelta junto a mi hermano mayor en infinidad de ocasiones. En esos años estaban masificados los centros de arriendo de películas y de videojuegos por lo que muy generalmente (una vez cada dos semanas) nos arrendaban un título nuevo: así llegó Kirby’s Adventure a mis manos y fue una experiencia… bueno, no se me ocurren palabras para definirla, si te soy honesta.

La rutina se mantuvo con el paso de los años, pero con pequeñas variantes: el NES pasó a ser un SNES, los arriendos se fueron convirtiendo en compras e intercambios con amigos; mas las variable más importante siempre se mantuvo constante: la diversión de la experiencia. Conforme fui creciendo, esta pasión lo hizo conmigo y terminé viviendo constantemente preocupada de entender bien cómo funcionaba esta magia: aprendí que existía una compañía llamada Nintendo (¡que no era el nombre de la consola!) que fue la responsable de muchos de los principales momentos de mi vida y que el universo de juegos existente era infinitamente mayor al que yo conocía. Y claro, cual Ash Ketchum de Pueblo Paleta, decidí que debía probar los más que pudiera.

Ya mayor, aprendí a entender cómo iba el negocio más allá de los juegos. Entendí que existen accionistas, desarrolladores, publicadores y un millar de personas que maquinan todo desde las sombras. Aprendí sobre un evento llamado E3 y quedé maravillada año tras año (algunos más que otros) con esos súbitos vistazos al futuro que nos flasheabas: es cierto que hubo decisiones que no compartía (o, tal vez, me faltó visión para entenderlas), pero era indiscutible el respeto que me inspirabas mientras las comunicabas.

Me reí cientos de veces escuchando el “potabol” y las bananas de las Direct (aunque nunca las entendí) y sí, es verdad que no siempre entendía todo lo que decías por tu peculiar acento, pero no puedo negar que hay que tener una tremenda pasión para aprender un idioma completamente ajeno con el fin de unir al mundo comunicándoles tu único discurso: los videojuegos son para todos. Ojalá muchos lo hubiésemos entendido antes en lugar de jugar a ser una elite.

Conocí a muchas de las personas más importantes de mi vida a través de los videojuegos, pero es indiscutible que fue tu talento y gestión una de las mayores fuerzas que me mantuvieron por este camino. Admiro que hayas sabido burlarte de ti mismo, que no te hayas dejado engañar por las políticas propias de un cargo como el que llevabas y que siempre hayas dado todo por tu ideal.

No matter the farewell, I think the most appropriate thing to say is “we”ll meet again.” We are friends so we”ll see each other again. There is nothing strange about saying it. Yeah. We’ll meet again.

De todo corazón, muchas gracias por las sonrisas y las lágrimas.

I’ll miss you.

Written by Soaney
A true patriot. Madre de todos los luma, The Boss en NintendoChile.com y spartan suicida en Halo. May the stars shine down on you.